30 años corriendo el maratón…
Correr un maratón es como vivir una pequeña vida en el espacio de tres, cuatro, cinco horas. Te ilusionas, disfrutas, sufres, vives dificultades, las superas, se presentan otras nuevas, las vuelves a superar, te emocionas, lloras, ríes…Pero lo que más hace que se parezca a la vida es que, para vivir todo lo anterior, se necesita que la gente, tu gente, esté cerca día a día y te insufle esa bocanada de oxígeno imposible que hay detrás de cada esfuerzo, de cada zancada. Y, si alguien no está convencido de ello, que busque en la línea de meta un solo corredor que llegue y se marche a su casa en soledad sin haber cruzado una sola palabra con nadie, que intente conocer a un solo corredor que no tiene a nadie animándole en los 42 kilómetros de recorrido. No lo vais a encontrar porque, sin vosotros, los que nos preguntáis por nuestro entrenamiento, los que madrugáis para venir a vernos, los que corréis por el metro para vernos pasar si quiera sea en 10 segundos, los que nos enseñáis a superar dificultades, los que nos enseñáis o nos habéis enseñado el valor de alcanzar un objetivo a base de esfuerzo, yo no correría maratones. Se habla mucho de la soledad del corredor de fondo pero, a la hora de competir, si hay un deportista que jamás está solo, ése es, en mi opinión, el corredor de fondo. Maratón.
Creo que a cualquier persona que le pudiéramos prometer que, en las próximas tres a cinco horas, va a experimentar casi todas las sensaciones que le dan sentido e intensidad a su vida nos tomaría por locos probablemente porque para correr un maratón hay que tener ciertas dosis de bonita locura.
Muchas veces digo que mi aventura maratoniana empezó el 30 de Abril de 1989 con mi primer maratón pero, en realidad, empezó varios años antes sin enterarme y perdura hasta hoy. Soy consciente de que, como todo en la vida, hay un principio y un fin y, quizás porque la hora de poner punto y final a los maratones se acerca, quiero aprovechar la fuerza interior que ese momento me provoca para escribir este pequeño relato que no tiene más fin que plasmar vivencias, experiencias y agradecimientos que hacen y han hecho de esta prueba deportiva una auténtica lección de vida para mí y que han marcado mi carácter y mi forma de afrontar la vida de una forma definitiva.
Hoy en día, pasados ya mis mejores años como deportista aficionado, disfruto corriendo y pensando en momentos, vivencias y personas que me han traído hasta aquí. Y me doy cuenta que lo que nos trae hasta el punto en el que estamos son nuestros aciertos, nuestros errores pero siempre acompañados por las personas que, bien por el aspecto positivo ( la mayoría ) o bien por el negativo ( las menos pero no por ello menos importantes ) nos han hecho mejores.
Ahora, 30 años después y con mi maratón número 27 a las puertas, voy a disfrutar de una nueva y novedosa experiencia maratoniana y de vida compartiendo con dos amigos keniatas, Samson y David, este maravillosos viaje de 42 km y 195 metros por las calles de un marco único maratoniano, por las calles de Madrid. El maratón les ofrece un regalo único en su vida. La experiencia y la vivencia de salir a ejercer su pasión, correr, fuera de su país. Una experiencia con la que hace apenas un año jamás hubieran soñado. Toca disfrutar con ellos y, por supuesto, vivir juntos una nueva fiesta del deporte. Que no paren los kilómetros. Prohibido rendirse. Maratón.
Vicente
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